Ya lo he dicho antes: Canas Verdes no es un blog de actualidad, pero algunas veces, cuando la realidad irrumpe con poderosa fuerza y me supera, hablo también de ella.
Hoy me llevé una desagradable sorpresa al abrir mi cuenta de
Facebook.
A raíz del homenaje que se le hizo ayer a Lumi Videla, estudiante que murió en una sesión de tortura a manos de la DINA durante la dictadura militar chilena, y cuyo cuerpo fue lanzado dentro de la Embajada de Italia en su momento, circulaba el "chiste del día" que
Lukas publicó en las páginas del periódico
El Mercurio de la época.
Hasta hoy, siempre había considerado a Lukas un maestro, y no es que de hoy en adelante vaya a dejar de admirar su talento artístico, no.
Pero algo se me quebró adentro y ya no va a ser nunca igual.
El arte, para mí, es algo que sana, que nos hace mejores.
Y cuando el arte se usa para hacerle daño a otro ser humano, para reírse del sufrimiento del otro, entonces para mí deja de ser arte, y se transforma en otra cosa, algo de lo que no quiero participar.
Sin entrar a evaluar el conflicto y el contexto, Lumi era una hija, una esposa y una madre de alguien.
Alguien sufrió su pérdida, creció sin ella, alguien la lloró.
Y sólo esto ya merece, al menos, nuestro silencio y respeto.
Es cierto: no siempre el genio y la calidad humana van de la mano (y la historia está llena de casos, por desgracia, para ilustrarlo) ni necesariamente todos los ilustradores son buenas personas, o mejores personas que otras.
Duele (¡y cómo!) constatarlo, en el caso de Lukas.
Sólo espero que el hijo de Lumi, junto a quien crecí, jamás tenga que toparse con la crueldad de esta viñeta, ni que su abuela -esa extraordinaria y valiente mujer que lo crió y sacó adelante sola- lo haya hecho nunca, mientras vivió.
Porque hay cosas, don Renzo, que definen a una persona.
Usted debería haberlo sabido.