Amigos: hoy firmé el tercer contrato editorial de mi vida.
El primero lo firmé hace casi 8 años, aquí, en Chile. La editorial me dio un pago único, al entregar las ilustraciones, y el contrato era
por siempre jamás.
La editora puso cara de incredulidad cuando le pregunté por los derechos de autor; y la cosa terminó con el 10% para los textos y 0% para las ilustraciones.
Venía recién aterrizando en mi país, no tenía a quién preguntarle, y firmé.
Digamos que cometí mi primer error de principiante.
El segundo contrato fue diferente. Era por 5 años, y el 5% de la autoría iba para los escritores, y el 5% para el ilustrador.
Tampoco en ese momento conocía mucho del mundo editorial, pero creí que los contratos eran bastante
estádar, así que lo firmé, pensando que, en caso de errar, al menos podría volver a vender el proyecto pasados 5 años!
Y hoy, el tercero.
No voy a contar exactamente las condiciones que conseguí, ni la negociación, pero sí voy a decirles algo: el hecho de pertenecer a un grupo de ilustradores, por Facebook, blog, LinkedIn o lo que sea, hace que uno
no esté solo.
Y esto, que parece lo más obvio del mundo, no lo es, en absoluto.
Ya no es tan fácil para una editorial, o una empresa, pedir un trabajo en condiciones ambiguas o directamente abusivas, porque uno puede preguntar.
¡Y hay muchas personas ahí, en el mar virtual!
¡Y dispuestas a ayudar (y de paso, agradezco a todos los que me mandaron comentarios, me dijeron que me fijara en tal condición, que pidiera esto y no lo otro, etc.)!
Porque ser ilustrador no es tarea fácil, y el tema legal, menos.
Por lo mismo, me he hecho una promesa: voy a ir estudiando, aprendiendo de contratos y de derecho de autor, y lo voy a ir posteando, poco a poco, con ejemplos prácticos, con peras y manzanas, si es necesario, para que todos lo podamos entender y todos tengamos acceso a esa información que a veces es tan oscura.
No va a ser de inmediato, pero cumplo mis promesas!