martes, 17 de julio de 2012

La Casa de Malloco de Elisa Assler

Elisa Assler no sólo ilustra: pinta, escribe, diseña vestuario, etc.
Personalmente, no todo lo que hace me gusta (y esto, en este rubro más que en muchos otros, no pasa de ser una simple opinión); pero este libro, "La Casa de Malloco", que llegó a mis manos casi por casualidad, es digno de mención.
La Casa de Malloco, valga la redundancia, es una casa de Malloco, o mejor aún, una casa de Chile. Una casa de esas antiguas, señoriales, con patios grandes y árboles centenarios.
Cualquiera que haya estado en una puede darse cuenta que seguramente Elisa Assler dibujó realmente una casa querida o recordada: con sus muebles, sus papeles murales, sus cuadros, sus rincones.
Cada detalle es casi como un estudio de la arquitectura y costumbres chilenas, hecho con amor y de una manera personal y única.

El libro está dibujado de una manera poco convencional (lápiz grafito, tal vez?), en que el color se usa sólo para resaltar la figura de la protagonista, que vive en un mundo perfectamente infantil: de fantasmas y de tardes enteras arriba de los árboles.

El libro entero es casi como un homenaje silencioso e intenso a ese mundo que desaparece, que se va quedando en blanco y negro. Hay algo profundamente perturbador, y uno se pregunta, ¿quedará en pie alguna Casa de Malloco?


 





 

 

 
Nota al cierre: la abuela de unos amigos de la infancia vivía en Malloco, un pequeño pueblo donde una vez al año se celebra la Fiesta del Cuasimodo, una fiesta religiosa del valle central de Chile que se hace el primer domingo siguiente a la Pascua. Todo el pueblo se tapiza con flores: carros, bicicletas y caballos.
Nuestros amigos nos invitaban y, entusiasmados por el color general, pasábamos la tarde decorando unos triciclos y bicicletas, con todas la flores del jardín.
Algo de ese recuerdo hermoso aún me acompaña!

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