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domingo, 5 de enero de 2014

120 segundos con Emilio Urberuaga

Emilio Urberuaga (España, 1954), Premio Nacional, comenzó su trayectoria como ilustrador en el año 1982. Para los niños es españoles es ante todo, el ilustrador de Manolito Gafotas, un personaje muy conocido y querido por ellos, ideado por la escritora Elvira Lindo.

He encontrado una excelente entrevista que le hicieron en Chile, pero como es larga (aquí está completa) me he tomado la libertad de escoger algunos fragmentos:
 "Emilio es un gran conversador y escucharlo es un agrado. Conoce como pocos el oficio y ha visto los cambios que éste ha experimentado durante los últimos treinta años.

Llevas mucho tiempo en el oficio ¿crees que ha cambiado mucho?
No, creo que no ha cambiado tanto. Hay excepciones, claro y creo que hoy la mente puede estar un poco más abierta para recibir determinado tipo de imágenes que hace 20 años no habrían sido bien recibidas o no habrían sido entendidas. Pero por otro lado, te das cuenta que los maestros siguen vigentes, ejemplos puedo darte muchos: Kveta Pacovska, Quentin Blake, Eric Carle, Maurice Sendak, David McKee.
 
¿Cómo ves la relación texto ilustración?
Para mí la fidelidad al texto es fundamental. He escuchado a ilustradores decir textualmente que el texto les importa tres pepinos porque ellos lo que harán será ilustrarlo. Para mí no funciona así, hay alguien que tuvo una idea, la ha puesto en palabras y tu compromiso no sólo con el autor, sino también con el editor, es trabajar con un gran respeto por esa idea inicial y hacerlo lo mejor posible, claro.

¿Qué le recomendarías a un ilustrador que comienza?
Que observe, que mire, que cuando esté sentado en el bar con los amigos deje dos minutos, 120 segundos para mirar el movimiento de un pájarillo que está por ahí cerca: qué hace, hacia dónde va. A veces te encuentras con esos benditos personajes que se te cruzan por la calle de la ciudad, que parece que fueran extras de una película, esa gloriosa señora con el gorro rosa, con el bastón y ese pelo…además lleva un cigarrillo ¿te das cuenta de la maravilla que es eso? Hay que fijarse mucho, es que no hay más consejo que ese.
 
Alguna vez dijiste que para ilustrar no es necesario saber dibujar.
Y lo creo. Tienes como ejemplo Un Libro, de Hervé Tullet, o Pequeño Azul, Pequeño Amarillo de Leo Lionni, una historia ilustrada que a mí me parece soberbia.
Vuelvo a lo anterior lo importante es mirar. Si dibujas una silla, dibuja una silla que conozcas, intenta aproximarte a la realidad para luego, obviamente, desvirtuarla.
 
Yo no soy de dar consejos, Dios me libre, pero si alguien está comenzando le diría también que si algo le sale bien a la primera lo rompa, esa renuncia ha sido uno de mis principales aprendizajes. Porque si no eres capaz de volver a eso con la misma intensidad, con la misma soltura, si no puedes mantener ese ritmo, mejor será que hagas un libro modesto pero que todo responda a una lógica y a un mismo ritmo."
 
 
 


 



 
 
 
 
 

 



 



 





jueves, 27 de septiembre de 2012

El ilustrador que nos cambió la vida

Una vez, hace muchos años, fui a comprarle a mi marido una funda de guitarra de regalo de aniversario.
No tenía suficiente para comprarle la guitarra, propiamente tal (eso iba a demorar algunos años más!), y al saberlo, el luthier de la tienda me dijo, aquella vez, que yo sí que empezaba una casa construyendo el tejado!

Si soy justa, también empecé este blog por el tejado; la primera entrada de todas maneras tendría que haber estado dedicada al ilustrador que me cambió la vida.

Porque supongo que todos los que amamos la ilustración tenemos uno, no?

El mío se llamó Harold Foster (Canadá, 1892-1982) y escribió el famosísimo comic del "Príncipe Valiente".

Les puedo contar muchas infidencias: que lo descubrí al abrir unos libros viejos y empastados de mi papá (eran un tesoro de su infancia) y que fue, creo, una de las emociones más intensas de mi vida.
El enamoramiento de las batallas de Valiente, su amor por Aleta, sus hijos, Arvak, sus viajes, sus amigos vikingos, etc., me duró años.

En realidad, aún no se termina.
Me acuerdo como si fuera hace dos días, que corrí donde mi papá y le dije que ya sabía lo que quería hacer cuando grande: quería dibujar comics.

Todavía guardo los viejos empastes (son mi tesoro heredado, ahora, y pasarán a mis hijas, pronto) y recuerdo de memoria casi cada línea de la historia, aunque hace años no la leo.

También, la carta que le escribí con admiración a Harold Foster en un terrible inglés, con unos doce años de edad, y la vez en que mi papá llegó a buscarme a toda prisa porque había encontrado una pila de revistas viejas en una feria de las pulgas que completaba nuestra colección.

Sí: definitivamente hay ilustradores que nos cambian la vida!



 

 

 





El amor es ciego, así que perdónenme si les digo que, hasta el día de hoy, me atrevo a afirmar que nadie, nadie, nadie, ilustra el mar y los caballos como Harold Foster!

Maestro.



jueves, 6 de febrero de 2014

Mi pequeña entrevista

La semana pasada les conté lo del premio virtual Conóceme, y ésta había prometido contestar las preguntas que me mandaran.
Así que aquí va: mi pequeña entrevista! (y mil gracias a los que me escribieron!)

1. ¿Cómo se te ocurrió la idea de tener un blog?
Hace unos siete años atrás, recién llegada de regreso a mi país, embarazada, trabajando desde casa y sin mucho tiempo para socializar, descubrí una serie de mujeres que escribían sobre su vida y la crianza de sus hijos en algo que llamaban blogs.
Empecé a seguirlas, más que nada porque me inspiraban y me hacían sentirme parte de su familia y también, integrada al mundo "de allá afuera", donde por diversas razones, no alcanzaba a llegar.

Pasaron muchos años en que fui sólo lectora (y aún lo soy!) y un día, después de haber terminado un proyecto gigantesco, un libro ilustrado que parecía no tener fin, me sentí absolutamente a la deriva y sola en un sueño que no me atrevía a confesar en voz alta.
Comencé a escribir.
No como ahora: me sentía escribiendo sola, garabateando una bitácora donde dejar marcados ciertos puntos cardinales que iba descubriendo.
Pero un día, sorpresivamente, empezaron a llegarme comentarios!...

2. ¿Cuál es el mensaje más sorprendente que has recibido por este medio?
En realidad, todos los mensajes que recibo me sorprenden, porque me hacen darme cuenta que lo que hago significa algo para alguien, sirve para algo. (Además he tenido muchísima suerte, porque mis lectores son personas muy, muy simpáticas, colaboradoras y entusiastas! Me encantan!)

Sin embargo, si tuviera que destacar algo sencillamente extraordinario, sin duda elegiría toda la historia de amistad que se ha generado entre una lejana lectora, otro lector -que es, casualmente, el padre de un antiguo compañero de colegio- y el blog.
Hay cosas que no pueden ser contadas, pero que te cambian la vida.
Cosas que hacen que uno se levante con ganas, todos los días, de escribir algo.

3. ¿Cuál es el concepto de Canas Verdes?
Nunca he pensado en Canas Verdes en términos de concepto, ni de producto.
Tal vez es un fallo mío, pero para mí es casi mi extensión.
Y como es un aprendizaje, es completamente orgánico y ha ido variando con el tiempo (y supongo que lo seguirá haciendo!)

Canas Verdes partió como una agenda, en que iba anotando lo que estaba haciendo. Pero luego fui llamada para hacer clases a alumnos de Ilustración, y pensé, "tengo que ordenar lo que sé".
Así que me puse a escribir sobre los ilustradores que me gustaban, y por qué.

Lo que nunca imaginé es que al empezar este inventario enorme, me estaría especializando en un área; y así también comencé a recibir noticias de concursos o talleres relacionados que podían ser interesantes para los demás.

4. ¿Qué crees que has aportado con tu blog?
Sinceramente, el entusiasmo, la pasión (y mucho amor por este oficio!).
Y un buen ojo, a la hora de seleccionar material.

5. ¿Qué crees que te ha aportado tu blog?
Uy, tantas cosas: buenos amigos, unos paquetes con regalos que me han hecho muchísima ilusión (!!!), muchísimo aprendizaje, nuevas oportunidades de trabajo y sobre todo, cierta seguridad interna en lo que hago y soy capaz.

6. ¿Imaginaste cuánto nos enriquecería tu blog?
No imaginé nada, la verdad. No tenía ninguna expectativa, por eso cuando llegó el primer mensaje, me sorprendí mucho!
Entreparéntesis: mil gracias por contestar, y por seguir ahí!

6. ¿Qué sientes cada vez que descubres a un ilustrador/a que te fascina?
Oh, me siento enamorada!
Me late más fuerte el corazón, me transpiran las manos y me parece que el mundo es más hermoso.

El ser humano puede ser, a veces, bastante monstruoso...
Pero también... ¿hay algo más bueno y hermoso que la creación artística?
Si mañana me llamaran de la NASA para elegir algo que meter dentro de la próxima sonda espacial, cómo no pensar en uno de los libros de Calvin y Hobbes?



(Para que me crean: un pedacito de uno de los comics que escribí -y nunca terminé- cuando tenía entre 12 y 14 años! Nunca se lo había mostrado a nadie que no fuera de mi familia!!!!)

domingo, 12 de julio de 2015

Debate 1: las pruebas de ilustración

Vale: el tiempo de cumplir una promesa ha llegado.
Así que partiré el Debate 1 con algo que me pasó la semana pasada, y que suscita muchísima controversia: las famosas pruebas de ilustración.

Pasa más o menos así (con ciertas variaciones, obviamente): una editorial, empresa o agencia te llama o escribe para un trabajo. Dice que le gusta tu trabajo, pero (y aquí siempre viene el pero)... necesita asegurarse y te pide una prueba de ilustración, generalmente gratuita, incluso antes de hablar del proyecto completo, de pedirte un presupuesto o de firmar un contrato formal.
A veces, esta prueba viene en un "formato concurso"; es decir, no compites solo por un proyecto, si no que la empresa ha llamado a dos o tres ilustradores más, y quiere ver las propuestas de todos, y escoger la que le guste más.

¿Problemas? Que, de no ganar, de no gustar o de haber algún tipo de sorpresa, tipo "el cliente ha cambiado de planes, y ha decidido postergar el proyecto indefinidamente", pierdes las horas trabajadas (y, por experiencia propia, estas horas suelen caerte justo en fines de semana, cuando tienes un cumpleaños familiar, o en medio de otra entrega gigantesca).
También, corres peligro de que te copien la idea, y la veas luego ilustrada por otro.

Ahora, bien, pregunto... ¿Pasa esto en otras profesiones?
¿Se imaginan lo que pasaría si uno le dice, tan campante, a un dentista que le tape una carie "a modo de prueba" y que luego, dependiendo de qué le parezca su trabajo, verá si le paga?
¿Qué pasaría si uno llamara a 3 jardineros y les dijera que tendrán que hacer un "trabajo de prueba" y que luego elegirá sólo al que lo haga mejor?

No nos confundamos: ser artistas, o ser "buenas personas", no nos tiene que convertir en poco profesionales.
Un buen profesional sabe cuánto vale su trabajo, y no lo regala (a menos que quiera hacerlo, por alguna razón humanitaria, por ejemplo).

La parte difícil, el verdadero arte, consiste en cómo negociar esto, en cómo hacerlo ver al posible cliente, y ojalá, conservar el trabajo.

Lamentablemente, no tengo una receta mágica (de hecho, he perdido varios trabajos por lo mismo!), pero sí creo que ser educado, ayuda.
Explicarlo sin rencor ni sarcasmo, como si el otro, de verdad, no viera que pedir esto es especular, no viera que le hace un gran daño a la profesión, porque convierte un oficio en algo que a la larga no puede sustentarse.

En el mundo ideal, todos los ilustradores debiéramos hacer un frente unido y no aceptar más "puebas", pues para eso existen los portafolios y la experiencia previa de cada profesional.

En el mundo real, esto no siempre pasa; más que nada, porque cuando las deudas aprietan, a veces hay que aceptar condiciones que sabemos que más adelante traerán hambre, no queda otra.
Pero, si pueden arriesgarse y escoger, les recomiendo acordarse de este mail, enviado por el ilustrador Carlos Higuera, que -independiente del estilo personal- es un buen resumen de los puntos que uno debiera tener en cuenta a la hora de negociar un trabajo!


martes, 11 de febrero de 2014

Qué se busca en Bologna

Una de las editoras de Planeta Tangerina (una de mis editoriales favoritas!!!!!), las ilustradoras Kitty Crowther y Anna Castagnoli y el director del Museo Textil holandés, Errol van der Veldt, fueron invitados, este año, a ser parte del jurado de la Muestra de Ilustración  que se expone durante la famosísima Feria del Libro de Boloña.

Ella escribió un post tan interesante sobre su experiencia, que me he tomado la libertad de traducirlo, resumirlo y editarlo: me parece imperdible.

"Esta exposición (y el catálogo que la acompaña) son aguardados con gran expectativa por todos los visitantes de la feria y la selección hecha cada año es siempre motivo de alguna controversia y discusión. Sobretodo para quien está comenzando y no tiene todavía trabajo publicado "ser seleccionado para Boloña" es un incentivo importante y no es raro que veamos en Boloña trabajos de ilustración que no corresponden a nuestros criterios personales en relación a aquello que debe ser una "buena ilustración". (...)

En Boloña, los jurados son siempre diferentes y, por esto, el jurado acoge todos los años muy variadas experiencias de vida, gustos y criterios: algunos jurados valorizan más la parte técnica, otros la artística, algunos dan importancia a que una ilustración pueda atraer inmediatamente a un niño, otros buscan simplemente algo nuevo. Esta variedad de miradas hace de la selección de Boloña una sorpresa cada año y puede también, claro, crear polémicas. Una selección de este tipo, abierta y completamente libre, es siempre circunstancial y subjetiva, y por esto, muy discutible. No hay nada de malo en eso.
(Etienne Delesser, ilustrador y curador del site francés Ricochet, uno delos más leídos por editores e ilustradores, criticó duramente la selección hecha en el 2012. Resultado: al año siguiente fue convidado a hacer parte del jurado, para tener la oportunidad de vivir la experiencia en su propia piel...)

(...)

Normalmente, miramos una imagen y pensamos "Me gusta" o "No me gusta". Y, si nos preguntan por qué, la tendencia es a responder con argumentos mucho más emotivos que racionales (...). Pero, cuando nos convidan a hacer parte de un trabajo así, es preciso tener criterios un poco más sólidos y dar nombres concretos a sensaciones, problemas y soluciones. Es también importante mantener el espíritu abierto y estar preparado, no sólo para aceptar una selección que no corresponde cien por ciento a nuestro gusto personal, como, aún más importante, para cambiar de idea durante el proceso de selección.
Nos pasó a todos: no gustar de un trabajo y, después de oír a alguien hablar con más detalle sobre las razones de su elección, pasar a valorizarlo de otro modo. Como abrir los ojos un poco más.




(Fotos de Planeta Tangerina)


Lo que hicimos en Boloña fue conversar bastante de manera de crear una especie de base común a todos. Incluso antes de iniciar la selección, trajimos algunas preguntas a la mesa del almuerzo: ¿Qué buscamos en una ilustración? ¿A qué le damos más valor? ¿Qué nos llama la atención en un trabajo? ¿Qué descartamos inmediatamente? ¿Para qué sirve una muestra de este tipo?
De esta conversa salieron luego una serie de palabras que estarían en la base de nuestros criterios y que, en momentos de indecisión, fueron de gran ayuda para escoger o descartar trabajos. Porque — es fácil imaginar por qué — no fue fácil llegar a una lista final de seleccionados...

Cuando entramos por primera vez al hangar donde están organizados los trabajos del concurso, no podemos dejar de pensar cómo hay tantos ilustradores en el mundo (!) y cómo las mesas casi caen por el peso de tantas expectativas ahí juntas...
La tarea que tenemos por delante es una verdadera hazaña. En 3 días tenemos que seleccionar un máximo de 80 trabajos entre las categorías Fiction y Non Fiction. Para tal es preciso andar, andar, andar (creo que caminamos decenas de kilómetros por los corredores entre las mesas), es preciso mirar muy atentamente todo y, en una primera fase, dejar que la intuición nos guíe. Y después es preciso parar, conversar, discutir, analizar todo mil veces. Volver a andar, a andar, a andar... Parar de vez en cuando. Dejar que la memoria haga su trabajo y nos haga regresar a cualquier cosa que dejamos atrás...

Este año, 3.188 ilustradores, de 191 países del mundo, enviaron trabajos para Boloña. Hubo países que concurrieron con decenas de trabajos (Italia, Japón, Francia); otros que no participaron (muchos países africanos, por ejemplo); otros de los cuales comienzan ahora a llegar las primeras participaciones, que prometen dar que hablar en un futuro próximo (China). Hubo trabajos enviados por libre iniciativa de los autores (casi todos), otros que llegaron agrupados por escuelas o cursos de ilustración. Inglaterra, Italia, Francia e Alemania son de los países que participan con más estudiantes.
Es natural que, en años anteriores, los criterios hayan sido otros, mas este año no buscamos tener una representación equilibrada con respecto a los países o la participación de las escuelas autores individuales: casi siempre escogimos los trabajos sin saber su origen y en nuestra selección final esos no fueron criterios importantes.

En el centro de todo colocamos antes: la honestidad del autor, y por esto se entiende la capacidad de crear un universo propio, sólido que, aún teniendo referencias de otros artistas, no sea apenas una copia (aún, bien hecha); la capacidad de sorprender (arriesgando, experimentando); la coherencia del conjunto de 5 imágenes; la parte técnica (consideramos importante que exista un nivel mínimo de dominio de las técnicas usadas); la capacidad de contar una historia y/o de transmitir emociones/ambientes/sensaciones.
Y claro que, si fuera otro el grupo de jurados, los criterios serían otros y la selección hecha habría sido otra también.

Una nota para el final: es muy difícil seleccionar un ilustrador a través de apenas 5 imágenes y, más aún, cuando esas imágenes están fuera de cualquier contexto (no existe un texto, un libro, una historia que las acompaña...). En muchos casos tuvimos dudas... tantas, que muchas veces nos daban ganas de dejar un recado a algunos ilustradores que, a pesar de tener un trabajo excelente, por una u otra razón no quedaron en la lista final.

El post it amarillo diría algo así: "Por favor, no desistas. Keep going!"




(Fotos de Planeta Tangerina)


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Lista completa de los seleccionados para este año.

Texto y post original: aquí.

martes, 3 de marzo de 2015

Promesa

Amigos: hoy firmé el tercer contrato editorial de mi vida.

El primero lo firmé hace casi 8 años, aquí, en Chile. La editorial me dio un pago único, al entregar las ilustraciones, y el contrato era por siempre jamás.
La editora puso cara de incredulidad cuando le pregunté por los derechos de autor; y la cosa terminó con el 10% para los textos y 0% para las ilustraciones.
Venía recién aterrizando en mi país, no tenía a quién preguntarle, y firmé.
Digamos que cometí mi primer error de principiante.

El segundo contrato fue diferente. Era por 5 años, y el 5% de la autoría iba para los escritores, y el 5% para el ilustrador.
Tampoco en ese momento conocía mucho del mundo editorial, pero creí que los contratos eran bastante estádar, así que lo firmé, pensando que, en caso de errar, al menos podría volver a vender el proyecto pasados 5 años!

Y hoy, el tercero.
No voy a contar exactamente las condiciones que conseguí, ni la negociación, pero sí voy a decirles algo: el hecho de pertenecer a un grupo de ilustradores, por Facebook, blog, LinkedIn o lo que sea, hace que uno no esté solo.
Y esto, que parece lo más obvio del mundo, no lo es, en absoluto.

Ya no es tan fácil para una editorial, o una empresa, pedir un trabajo en condiciones ambiguas o directamente abusivas, porque uno puede preguntar.
¡Y hay muchas personas ahí, en el mar virtual!
¡Y dispuestas a ayudar (y de paso, agradezco a todos los que me mandaron comentarios, me dijeron que me fijara en tal condición, que pidiera esto y no lo otro, etc.)!

Porque ser ilustrador no es tarea fácil, y el tema legal, menos.
Por lo mismo, me he hecho una promesa: voy a ir estudiando, aprendiendo de contratos y de derecho de autor, y lo voy a ir posteando, poco a poco, con ejemplos prácticos, con peras y manzanas, si es necesario, para que todos lo podamos entender y todos tengamos acceso a esa información que a veces es tan oscura.

No va a ser de inmediato, pero cumplo mis promesas!

domingo, 6 de mayo de 2012

Trabajo globalizado

Hace algo más de un mes decidí inscribirme en uno de esos sitios web que ofrecen trabajo remoto a profesionales independientes (para evitarme problemas, no diré cuál sitio era, pero hay varios). Paralelamente, le escribí a Jonathan Woodward, de Zero 2 illo, que tiene una estupenda web acerca de cómo convertirse en un ilustrador profesional y le pregunté su opinión acerca de estos sitios.

Después de un mes de prueba, y de haber hecho las 10 ofertas que me permitía el programa gratuito en el que me inscribí (hay otros que ofrecen más cosas y que son de pago), les puedo contar varias cosas:

1- Tardé varias horas en llenar el formulario de inscripción, subir imágenes para llenar el portafolio, completar el CV, etc. Todo era lento y trabajoso, y había mucho que escribir y leer para saber cómo empezar a ofertar y cómo funcionaba el sitio, en general.

2- Estos sitios funcionan de la siguiente manera: una persona en algún lugar del mundo necesita que le hagan un trabajo, escribe una descripción de lo que necesita y un rango de lo que considera justo pagar.
Los profesionales independientes hacen una especie de "subasta": dicen cuánto cobrarían por hacer el trabajo y en cuánto tiempo serían capaces de hacerlo.
El "cliente" se queda con la mejor oferta.

Hasta ahí, todo bien.
El problema es que en estos sitios se entra a competir en un mundo globalizado, que es lo mismo que decir que la competencia es despiadada.
Países en los que no hay leyes laborales y sí muchísima necesidad, los profesionales llegan a subastar su trabajo por cantidades indignas (estoy hablando aquí de horas que valen menos de U$ 2), y proponen plazos imposibles (a menos que trabajara una familia completa, y bien puede ser).

En concreto hice 10 subastas, sin rebajar los precios que manejo normalmente, y no gané ni una sola.

Por otra parte, Jonathan tuvo la enorme gentileza de contestarme y contarme su experiencia.
Él se había inscrito en otro sitio, diferente al mío, pero su opinión era más o menos la misma: trabajos mal pagados, a veces con condiciones muy abusivas (como perder los derechos sobre las ilustraciones o no poder poner tu nombre), descripciones muy vagas de lo que se debía hacer e incluso clientes que empezaban pidiendo una cosa y terminaban pidiendo otra.
"Un tipo muy raro me pidió un trabajo" me contó "y luego resultó que lo único que quería es que le dibujara a Superman en pelotas!".

No estoy en contra de que existan webs de bolsas de trabajo, pero voy a sumarme al consejo de Jonathan: a veces vale más invertir el tiempo en publicitar tu trabajo directamente en empresas o personas que realmente te interesen.

Buena suerte!

miércoles, 4 de abril de 2012

Cómo se hace un libro

El año pasado tuve la suerte de ilustrar el libro "No dia em que você nasceu" de Ana Busch y Caio Vilela, publicado por la Editorial PubliFolhinha, de Brasil.


Muchas personas me han preguntado, desde entonces, cómo se hace un libro ilustrado.
Cómo es el proceso creativo, desde que se lee el briefing la primera vez hasta el producto final.
Me pareció que explicarlo podía ser interesante; aunque, claro, todos tenemos procesos de creación que son muy diferentes entre sí, así que esto no pretende ser ni la panacea ni una lista de pasos.

En el caso de "No dia em que você nasceu" lo primero que recibí fue un mail de los autores que decía que aún no sabían cuántas páginas iba a tener el libro, ni qué formato tendría.

"Va a necesitar un estudio de las imágenes" decían "porque el libro va a hablar de varios lugares del mundo y compararlos a la cotidianidad de la primera semana de vida de un niño. La idea es explorar cada lugar, mostrando cómo se viste la gente, cómo son los animales, los paisajes, los nombres de las cosas."

Quedamos de hacer una prueba de ilustración, algo muy común en las editoriales, que necesitan "probar la mano" de un ilustrador antes de encargarle un proyecto.

La prueba era:

"El día en que tú naciste, alrededor del Everest, la montaña más alta del mundo, los yaks daban leche, las mujeres hacían mantequilla y los hombres tomaban té, para espantar el frío".

Busqué en la web todo tipo de información gráfica de apoyo. ¿Cómo eran las casas? ¿Y la ropa de ese lugar? ¿Y los colores?
La ilustración de un libro infantil no es la reproducción exacta de algo, tiene que tener algo nuevo y chispeante, pero en este caso, también debía respetar la esencia de cada país.


Como verán, la primera prueba la hice con acuarela para colorear y línea negra.
Pero después de hablar con Ana y Caio, nos dimos cuenta de que la ilustración estaba "poco infantil"; así que repetí la prueba de otra manera, y esta vez hice figuras llenas, sin línea de contorno.

Cada ilustración está llena de detalles que le aportan riqueza a los textos.
A veces, hay que corregir las ilustraciones, siguiendo las indicaciones del editor.


También me di el gusto de hacerle mi personal homenaje a Hergé, mucho antes de saber siquiera que se estaba haciendo la película de Tintín, cuyas historias marcaron mi infancia.


Este proyecto, en particular, fue creciendo y creciendo hasta llegar a las 88 páginas.

Para los que quieran saberlo: así se hace un libro.

lunes, 7 de abril de 2014

Ser autor: la larga lucha de los ilustradores

Desde hace un tiempo a la fecha, es fácil darse cuenta que vivimos un boom de la Ilustración, a nivel nacional como internacional.
Hay más concursos, más charlas, más talleres; cada semana aparece en los medios alguna entrevista a algún  profesional y también (¡cómo no!) las universidades e institutos superiores han visto el filón y han comenzado a ofrecer la carrera o el diplomado de Ilustración como parte normal de su malla curricular.

Todo eso está muy bien, obviamente, pero hay algo de lo que no se habla: ¿qué pasa con el tema de los derechos autorales de los futuros ilustradores?
¿Serán considerados autores, al igual que un escritor, o meros decoradores de libros, objetos, textiles, etc.?
¿Habrá leyes que resguarden su trabajo?

Hace una semana me llegó un artículo que se llama Ser autor: la exitosa (y larga) lucha de los ilustradores argentinos (para leerlo completo, clicar aquí).
Es interesantísimo -se los recomiendo de todo corazón- y deja al descubierto una verdad inquietante: que nuestros vecinos del otro lado de la Cordillera están a años luz en cuanto a reivindicaciones y logros laborales.

A modo de ejemplo (y no voy a poner nombres, porque no quiero tener después problemas legales), pongo mi propia experiencia:

1- Hice un libro.
Me llegó el contrato: el ilustrador no era considerado autor, por lo tanto sólo había un pago único, por servicios prestados.
No especificaba fecha para el uso del trabajo. Es decir, la editorial se quedaba (y podía usar y reusar el material) para siempre jamás.
Sin nuevos pagos, sin nuevos contratos.
El libro va en la segunda edición: el autor recibió royalties, yo no.

2- Hice muchas, muchísimas ilustraciones para un libro de material pedagógico.
Cuando pregunté por el contrato, me contestaron que no hacían contratos, porque "habían tenido muchos problemas en el pasado, sobretodo por el incumplimiento de los plazos estipulados".
Casi no hay para qué decirlo: también se hacía un pago único, la editorial se quedaba con el material para siempre, podía incluso usarlo para diferentes libros.
Ninguna posibilidad de negociación.


Podría seguir dando ejemplos, pero supongo que la idea está clara.
Evidentemente siempre existe la alternativa de rechazar un encargo por considerar las condiciones de trabajo abusivas -y me saco el sombrero por quienes se atreven- pero estoy segura de que habría perdido las pocas oportunidades que tenía para empezar en este campo.

Me parece -y es una opinión absolutamente personal- que mientras no nos asociemos, como nuestros vecinos, y dejemos atrás ese oscurantismo que hay con respecto a las condiciones laborales y sus tarifas, todo seguirá igual.

¿Qué les parece a ustedes?

domingo, 27 de julio de 2014

Comics chilenos en internet

Hace poco salió un artículo muy interesante en un diario digital hablando del auge que están tomando los cómics chilenos en internet.
Supongo que hay varios motivos: por una parte, hay muchos temas que abordar y por otra, internet es rápido y directo, y no implica los costos de tener que publicar convencionalmente.

¿Echamos un vistazo al panorama nacional?

Malaimagen (Guillermo Galindo) es uno de los que más me gustan, por su acidez política, que no deja títere con cabeza.
Además de publicar en su sitio web, el cómic es difundido por el semanario The Clinic.









Oleísmos es el blog de Francisco Javier Olea, un rincón de análisis existencial y crítica social.
Con unas ilustraciones geniales, como todo lo que él hace, por cierto (ya saben que soy fan!).






Se ríe de todo: política, tabúes, sexo, tradiciones, yendo de lo más inocente a lo más sórdido, en un raudal de creatividad. Ha hecho famosos a Dios y al Diablo, que se roban la película cuando aparecen.
Mis hijas se pelean su libro (aunque no lo entiendan completamente!) y eso confirma que es un humor con múltiples lecturas.






Existen varias ilustradoras autobiográficas: Catalina Bustos explora el tema de la soledad que afecta al ser urbano en su Diario de un solo.





Frannerd escribe básicamente sobre su vida y las cosas que le pasan (aunque últimamente su blog tiene videos y otro tipo de ilustraciones y noticias).





Alejandra Acosta, en su cuenta de Facebook, se ríe de las situaciones que le pasan siendo madre de dos Gremlins.







Margarita Valdés tiene en su Facebook su ChikiJet, donde cuenta sus recuerdos de infancia.





Sol Díaz es quien está detrás de Las Bicharracas, un cómic que critica los estereotipos femeninos. 
"Negras, feas y peludas" es el slogan que define al trío que lo protagoniza, enseñando el lado más oscuro, incómodo y socialmente rechazado de la mujer.





Y como, al parecer, los ilustradores tienen cada vez más que decir, hay más: está The Comic Fome (donde participa uno de mis antiguos alumnos de ilustración, qué orgullo!), Juanelo, Zobaco, Laweaimbecil y probablemente más, que no son tan conocidos o que están empezando.

¿Y ustedes, se animan?

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Nota al cierre: el gran ilustrador Guillo, a quien admiro mucho (pues ha sido muy valiente al usar el humor contra la represión política), también sube sus cómics en su página de Facebook.
¡Mil perdones por la omisión, y que lo disfruten!